«El Lazarillo de Tormes»: ¿anónimo?

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Seguro que recuerdas cuando te explicaron el Lazarillo en el instituto y te dijeron que era una obra anónima. Tú lo aceptaste sin más, como si aquello fuese dogma de fe. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijera que desde 2002 esto ya no es así? Rosa Navarro Durán, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias y del Miguel de Cervantes, sostiene de manera incansable y apoyándose en sólidos argumentos que ella posee la clave sobre la identidad del autor. La pregunta ahora es la siguiente: si no es anónima ¿quién fue su artífice? Redoble de tambores… ¡¡Alfonso de Valdés!! De acuerdo, seamos sinceros: lo más probable es que, salvo que seas un forofo de estos temas, el nombre no te diga demasiado, pero por aquel entonces el susodicho, nacido en Cuenca en 1490, fue una persona de gran relevancia, llegando a ocupar el puesto de secretario de cartas latinas del emperador Carlos V, ahí es nada. A partir de aquí, la polémica está servida y de hecho han sido numerosos los ataques que ha recibido Rosa Navarro por parte de otros especialistas, con Francisco Rico (otro de los máximos expertos del Lazarillo) a la cabeza, que cuestionan la validez de sus teorías. Menos conocida, aunque no por ello menos interesante, es su hipótesis según la cual Curial e Güelfa, libro de caballerías de la literatura valenciana fechado en el siglo XV por su descubridor, Mila i Fontanals, fue una patraña ya que su autor no fue otro que su mismo descubridor, aunque este se las habría ingeniado para engañarnos a los lectores intentando colarnos una obra escrita en el XIX como una obra del siglo XV, pero eso es otro asunto.

Como decía, la especialista no se corta un pelo a la hora de defenderse de los que la atacan. Si bien es cierto que su investigación puede ser rebatida, de lo que no cabe duda es de la enorme pasión que pone siempre que interviene. No era la primera vez que la escuchaba, pero siempre es un privilegio poder enriquecerse con la enorme sabiduría que transmite. En esta ocasión, con motivo de Españoleemos (Semana de las Letras) que vienen organizando los alumnos de la Facultad de Letras de la UCLM (Universidad de Castilla-La Mancha) de Ciudad Real por tercer año consecutivo, Rosa Navarro ha encandilado al auditorio con su don de palabra y su enorme sentido del humor. Sus argumentos para defender a Alfonso de Valdés como autor del Lazarillo se basan principalmente en la idea de que esta obra fundacional de la literatura picaresca desprende ideología erasmista por los cuatro costados. Por lo tanto, qué duda cabe de que su autor habría de ser erasmista y qué mejor candidato que uno de los mejores prosistas del siglo XVI. Aquellos años estuvieron marcados por el surgimiento de diversas corrientes de pensamiento que, ante la corrupción que se vivía en el seno de la Iglesia Católica, decidieron criticarla. Uno de ellos fue Erasmo de Rotterdam, quien promovió la reforma de la institución, pero sin romper con ella, a diferencia de lo que sí llegaría a hacer Martín Lutero. En cualquier caso, las ideas de Erasmo fueron perseguidas y por ende todo libro sospechoso de contener cualquier mensaje erasmista. Tal fue el caso del Lazarillo, que automáticamente pasó a integrar el Índice de Libros Prohibidos elaborado por la Inquisición. El mundo de la Filología está lleno de sorpresas incluso cuando todo parece haber sido dicho. Allá por el año 1992 en el municipio extremeño de Barcarrota (Badajoz), una mujer descubrió mientras reformaba su casa varios libros que habían sido emparedados/escondidos por miedo a la Inquisición ¿Y entre ellos? Un ejemplar del Lazarillo fechado en Medina del Campo, que es el que ha servido como base para la elaboración de las futuras ediciones junto a las ya conocidas de Burgos, Alcalá y Amberes, todas ellas de 1554. Si seguimos el razonamiento de Rosa Navarro, Alfonso de Valdés, que había escrito dos obras imbuidas del espíritu erasmista (Diálogo de las cosas acaecidas en Roma y Diálogo de Mercurio y Carón), habría sido el artífice de la novela picaresca, pero asegurándose de no poder ser vinculado de ninguna forma a ella, salvo que alguien fuese un avezado y perspicaz lector como Rosa Navarro, que ha sabido descifrar los mensajes ocultos que entraña la obra como si de Robert Langdon se tratara.

Todo aquel que haya leído el texto recordará la brutal crítica satírica a la que es sometida la sociedad y en especial los miembros del estamento eclesiástico. Entre los numerosos amos a los que sirve el pobre Lázaro que irán configurando su personalidad, aparte del ciego y el hidalgo empobrecido, destacan el clérigo de Maqueda que lo mata de hambre; el fraile de la Merced (que podría haber abusado de Lázaro según se interprete la expresión «Este me dio los primeros zapatos que rompí en mi vida»); el buldero; un capellán para quien el pícaro comienza a trabajar como aguador (y que podría ser visto como un criptojudío) y finalmente el arcipreste de la Iglesia de San Salvador de Toledo, que vive amancebado con la mujer del propio Lázaro. Aquella crítica al clero no pasó inadvertida para la Inquisición, como es evidente, hecho que obligó a Valdés a asumir finalmente el sacrificio de pasar a la historia como el autor anónimo de una de las obras más representativas de nuestra literatura y al que ahora, casi cinco siglos después, Rosa Navarro, pretende hacer justicia rescatándolo de aquel olvido autoimpuesto.

LA SINTAXIS NOS HIZO HUMANOS

Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre esto, pero, entre unas cosas y otras, no encontraba el momento adecuado. Por fin hoy me he decidido. ¿La razón? He comenzado a explicar gramática en Secundaria y qué mejor manera de hacerlo que lanzando semejante afirmación.

Detrás de una frase moderadamente “revolucionaria” como la que pone título a este artículo se oculta una verdad más que evidente. Y es que, entre los múltiples rasgos y características que nos hacen humanos, como son nuestras capacidades innatas de autorreflexión y de amar (más desarrolladas en unos que en otros), también tenemos la sintaxis. Esta no se refiere única y exclusivamente a la capacidad de analizar un enunciado como «Juan lee un libro» y decir que «Juan» es sintagma nominal en función de sujeto y «lee un libro», sintagma verbal, predicado verbal. No, la sintaxis implica mucho más y mientras no se cambie el enfoque, la visión de la disciplina seguirá siendo reducida e incompleta. La habilidad de construir oraciones es una facultad humana que se ha intentado demostrar a través de experimentos en otras especies de animales como los chimpancés (Nim) y los gorilas (Koko, que, por cierto, falleció en junio de 2018). Lo más curioso de este último experimento fue que esta gorila logró transmitir a su hijo el lenguaje de signos que le habían enseñado sus cuidadores humanos.

Pese a haber tenido grandes profesores en mi etapa como estudiante de instituto, recuerdo hacer análisis sintácticos de oraciones kilométricas como si fuesen crucigramas o sudokus, preguntándome, a veces, por qué tenía que hacerlos. Realmente nunca llegué a formular tal pregunta al profesor, pero sí es cierto que, durante un tiempo, me lo estuve cuestionando. Y ante esto, puede quien me conteste que no es necesario buscar una razón. Hay que hacerlo y punto. Considero, no obstante, que es un gravísimo error no preguntarse sobre el porqué de las cosas, en este caso de la sintaxis. Esta trasciende el mero análisis, más o menos exhaustivo, de oraciones. Sintaxis engloba también la capacidad de relacionar unas palabras con otras. Vendría a ser, en definitiva, algo así como el pegamento que nos permite unir entre sí unidades lingüísticas. Es por ello que los análisis sintácticos deberían ahondar más allá del mero etiquetado (sujeto, predicado, complementos…) con el fin de  explicitar la manera en que estructuramos nuestro lenguaje (y por ende nuestro pensamiento) mediante un conjunto de operaciones y relaciones jerárquicas.  Esto fue algo que se me reveló en la asignatura impartida por la profesora María Ángeles Carrasco Gutiérrez de “El Estudio de Lenguaje II” durante el último curso del «Grado en Español: Lengua y Literatura» (la antigua «Filología Hispánica). A lo que voy, que me enrollo un montón: ¿por qué no se estudia esto también en los institutos? Quiero decir: ¿por qué no se incorpora la neurolingüística a las aulas de Secundaria? Sinceramente no tengo ni la más remota idea. Y no, no creo que sea por falta de tiempo. Ni tampoco creo que se deba a la elevadísima complejidad de los asuntos, que haría imposible la comprensión por parte del alumnado, no. Siempre se puede sacar un par de horas para explicar algo tan básico, a la par que interesante, como es la adquisición del lenguaje. Lo que me propongo hacer en este artículo es precisamente responder a ese porqué sobre el que me preguntaba en aquellos años, no demasiado lejanos, de instituto sin pretender descubrir América ni decir nada nuevo que no se haya dicho antes.

Desde el momento en el que nacemos, estamos escuchando frases de manera constante.  Un buen día emitimos nuestra primera palabra ante las atónitas miradas de nuestros progenitores. «Mamá» «Papá» A partir de ahí resulta asombrosa nuestra “fácil” habilidad para entretejer unas palabras con otras. Luego, llegamos al instituto y allí se nos pide que analicemos oraciones, a veces, irreales que nunca llegaremos a pronunciar salvo que seamos personajes literarios. Pondré un ejemplo: «Ojalá el viento de marzo soplara más a menudo sobre aquella llanura cubierta por las flores que antaño plantaron mis ancestros al amparo de  las estrellas» De acuerdo, ya sé que es un ejemplo demasiado rebuscado y que acabo de inventarme, pero creo que se comprende lo que pretendo decir.  Nunca se han formulado al adolescente preguntas que considero necesarias cuando se empieza a explicar sintaxis y estas son las siguientes: en primer lugar, ¿por qué hacemos análisis de oraciones? Y segundo, ¿por qué la sintaxis nos hizo humanos?

La experiencia y los estudios llevados a cabo por especialistas nos revelan que, tras la etapa prelingüística o preverbal con el arrullo (6 semanas), balbuceo (6 meses), los patrones de entonación (8 meses en los cuales el bebé modifica la entonación para marcar la diferencia entre una afirmación y una pregunta) y el inicio de la etapa lingüística (normalmente al año) con la emisión de las primeras palabras, es entre los 18 meses y los 2 años cuando se produce la explosión lingüística o, lo que es lo mismo, el crecimiento del léxico y la combinación de palabras para construir oraciones. A raíz de ese momento, entra en terreno de juego la hipótesis del Período crítico, término acuñado en 1967 por el neurólogo y lingüista alemán de origen judío Eric Lenneberg para referirse al intervalo de tiempo que iría desde los 2 hasta los 12 años. Según esta teoría, durante ese período, el niño irá adquiriendo no solamente palabras con significado léxico (o que se proyectan como imagen mental cuando se piensa en ellas. Ejemplos: casa, mesa, unicornio, comer (el que come y lo que come), etc.) sino sintaxis, que incluye las palabras y partículas que poseen significado gramatical (cuyo valor es meramente relacional, es decir, permiten unir unas palabras con otras. Ejemplos: los morfemas (flexivos (la –s que indica plural) y derivativos (prefijos y sufijos, que dan lugar a nuevas palabras como el prefijo re– que antecede a una palabra como hacer, o el sufijo –mente que sucede a una palabra como fría), las preposiciones (a, ante, bajo, cabe, con, etc.) y las conjunciones (y, pero, sin embargo, etc.)). Esto quiere decir que si una persona ha atravesado el Período crítico sin haber interactuado con otros seres humanos, cuando se reincorpore a la sociedad (si es que lo hace) solo será capaz de adquirir palabras con significado léxico, pero no sintaxis. Esta habrá perdido su valor y el cerebro ya habrá madurado sin haber sido capaz de desarrollar la habilidad. Ese pegamento, que es la sintaxis, habrá perdido, en definitiva, su capacidad adherente. La persona, por lo tanto, se comunicará como Tarzán: «Yo querer Jane».  Piénsese también en casos reales de niños salvajes como Víctor de Aveyron (1788-1828) o Genie (1957- ), aunque, en el caso de esta última, se cree que la niña podía arrastrar algún tipo de déficit cognitivo que habría hecho imposible el desarrollo normal de la sintaxis aun habiendo tenido una infancia corriente. Basándose en estos casos, el escritor estadounidense Paul Auster, en su novela corta Ciudad de cristal (1985), que integra La trilogía de Nueva York, hace que Quinn, el detective protagonista, descubra el caso de Peter Stillman, un muchacho que fue encerrado de pequeño por su padre, quien quería descubrir la lengua de Dios y ver así si una persona que hubiese permanecido aislada del mundo sería capaz de desarrollar algún tipo de lenguaje.

Tal y como postula el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense Noam Chomsky, todos y cada uno de los seres humanos nacemos predispuestos biológicamente a adquirir cualquier lengua pues nuestro cerebro posee todas las gramáticas posibles de todas las lenguas del mundo, contradiciendo de este modo las teorías conductistas del psicólogo Burrhus Frederic Skinner, que defendía la idea de que aprendemos la lengua exclusivamente por imitación. Chomsky se percató de las limitaciones de esa postura al comprobar que, si en efecto solo se aprendiese a hablar por imitación, esto no permitiría explicar la capacidad de los niños para construir infinitos enunciados a partir de un número finito de elementos escuchados e imitados. A esa habilidad de desarrollar potencialmente todas las gramáticas, Chomsky la denominó “Gramática Universal”. Para él, todas las lenguas, a pesar de sus diferencias externas, poseen una serie de rasgos comunes, como pueden ser la presencia de sujeto y de tiempos verbales. Será el lugar en el que se nazca y las interacciones que establezca la persona en cuestión con otras en una lengua concreta las que permitirán activar en determinadas áreas cerebrales del hemisferio izquierdo las normas de una gramática u otra: la inglesa, la china o la rusa, por nombrar solo algunas. Si bien es cierto que todos los seres humanos venimos al mundo con la habilidad de adquirir cualquier lengua, solamente se precisa un requisito obligatorio e indispensable: que esa persona interactúe con otras durante el Período crítico. Los análisis sintácticos que propone la teoría chomskiana pretenden dar cuenta de los elementos comunes a todas las lenguas, unos elementos que se “transforman” o cambian de posición de unas lenguas a otras. A día de hoy, la teoría de la gramática generativa transformacional propuesta por Chomsky es la más admitida. No obstante, ha tenido alguna contrarrespuesta. Así, el lingüista y misionero  Daniel Everett se ha encontrado en el Amazonas con los Pirahãs, una tribu cuya lengua carece de tiempos verbales de pasado o de futuro, haciéndoles vivir en una especie de presente continuo. No los requieren pues no necesitan cuestionarse su pasado. Esa ausencia de tiempos es lo que ha llevado a hablar de la gramática de la felicidad de los Pirahãs. Cuál será el destino que le depare el futuro a esta lengua es un misterio, más si cabe todavía a la espera de los contactos que puedan establecer los miembros de la tribu con otras culturas. De lo que no cabe ninguna duda al respecto es de que gracias a la labor de lingüistas como Everett, esas lenguas, abocadas a desaparecer, no caerán en el olvido. Estrechamente relacionado con esto, en 2017 se estrenó la película Sueño en otro idioma de Ernesto Contreras. Inspirándose en un hecho real, el film relata la historia de un lingüista que viaja a la selva mexicana en su empeño de aprender el zikril, la lengua en peligro de extinción que se inventó para la ficción. Podría establecerse un paralelismo además entre las tesis defendidas por Everett y la gramática extraterrestre que aparece reflejada en el film poco convencional de ciencia ficción, La llegada (2016), del canadiense Denis Villeneuve. En esta película, Louise Banks, la profesora de lingüística encarnada por Amy Adams, es requerida por el gobierno norteamericano para descifrar la gramática de una pareja de extraterrestres, Abbott y Costello, que han aterrizado en la Tierra. Al final de sus investigaciones, la protagonista descubre que la esencia del lenguaje extraterrestre está ligada a la ausencia de barreras temporales. Son seres tan evolutivamente desarrollados que, para ellos, presente, pasado y futuro forman parte de la misma secuencia temporal (son capaces de visualizar los tres tiempos en el mismo momento), resultando imposible cualquier separación entre ellos, lo cual explica la ausencia de tiempos verbales.

La aparentemente deslavazada estructura narrativa de la película, donde no sabemos si una escena sucedió en el pasado o acontecerá en el futuro, cobra sentido al final cuando es el espectador, al mismo tiempo que el personaje principal, quien logra reordenar la secuencia de acontecimientos. Retomando los hallazgos de Everett con la tribu de los Pirahãs, pese a tratarse de un caso aislado, estos vendrían a desmontar la teoría de Chomsky sobre la gramática universal común a todas las lenguas. Se ha llegado a insinuar incluso que, como Chomsky es toda una institución dentro del mundo de la Lingüística (y verdaderamente los es), cualquiera que contradiga sus teorías estará abocado a ser silenciado. Curiosamente, Everett dejó de recibir subvenciones para llevar a cabo sus investigaciones. Para quien esté interesado en el tema (además de en las teorías conspirativas), le recomiendo ver el documental  El código de la Amazonia emitido por RTVE. Realmente me cuesta entender por qué en los institutos, antes de comenzar con los análisis sintácticos e incluso con la descripción de las categorías gramaticales, no se proporcionan al alumnado unas nociones básicas sobre adquisición del lenguaje que permitan entender la importancia de la sintaxis como una habilidad intrínsecamente humana. Pese a ello, los planes de estudio actuales no contemplan esto que comento. Será decisión personal del docente dedicar unas horas a explicar algo que, en mi humilde opinión, resulta esencial para lograr un mayor conocimiento de la gramática. Pensarán algunos que exagero. Sin embargo, creo que ahora, más que nunca, es bueno preguntarse por el porqué de las cosas. A los de Humanidades nos han recriminado en infinidad de ocasiones que nuestras asignaturas son eminentemente memorísticas y de hecho la memoria es una herramienta utilísima a la hora de aprender, pero no es la única. De igual manera, tampoco hay que olvidar que el componente memorístico está presente en otras materias de Ciencias. No pretendo pues embarcarme ahora en la eterna y absurda disputa entre Ciencias y Letras ya que considero que ambas son  igualmente necesarias y, precisamente, la nueva Lingüística tiende a incorporar un enfoque interdisciplinar en el que trabajan de manera conjunta tanto la Neurología como la Lingüística en sentido más estricto. Por lo tanto, la pregunta que debería hacerse a todo adolescente antes de empezar a soltarles el sermón del sujeto y el predicado debería ser la siguiente: ¿por qué analizamos oraciones? Y la respuesta a ello, de manera compacta, es todo este texto que acabas de leer.

La Lady Gaga de los años veinte

Tamara de Lempicka (1898-1980) fue la Lady Gaga de los años veinte. Nacida en Varsovia, viajó a Rusia, Londres, París, Milán, Nueva York, España y Cuernavaca (donde murió). Mujer polifacética, se dedicó a la pintura, siendo una de las figuras más destacadas dentro de la corriente del Art Decó. Además de su labor artística, su estilo y su forma de ser, adelantada a su tiempo y alejada de cualquier tipo de convencionalismo, hicieron que se convirtiera pronto en un icono de moda, apareciendo como portada en un número considerable de revistas. No fue, sin embargo, la única mujer que se atrevió a romper moldes. Así encontramos a dos escritoras francesas. Una fue Amandine Aurore Lucile Dupin (1804-1876), más conocida como George Sand, quien, en su obra Un invierno en Mallorca (1841), dejó constancia de cómo su estilo de vida escandaloso (pues vestía pantalones y no iba a misa) chocó de lleno con la mentalidad española y, concretamente, con la de los habitantes del bellísimo e idílico pueblo mallorquín de Valldemosa, a donde se había trasladado por una temporada con sus hijos y con el compositor polaco Frédéric Chopin. La otra autora fue Sidonie-Gabrielle Colette (1873-1954), cuya vida ha sido llevada al cine en 2018 por Wash Westmoreland, siendo brillantemente interpretada por Keira Knightley. En esa misma línea también podrían incluirse a la creadora del monstruo de Frankenstein, Mary Shelley; a la pintora alemana expresionista Paula Modersohn-Becker o a la artista estadounidense Margaret Keane, autora de los característicos retratos de personajes con grandes ojos. Estamos, en definitiva, ante mujeres de férrea personalidad, que no tuvieron miedo de  exigir y reclamar un hueco en un mundo dominado por hombres.

Volviendo con Tamara de Lempicka, esta se relacionó con algunos personajes relevantes de la época como Coco Chanel, Greta Garbo o, incluso, el mismísimo rey Alfonso XIII, para quien realizó un retrato. La exposición, que se puede visitar en el Palacio de Gaviria hace una retrospectiva de su carrera tanto artística y profesional como personal. Aquí os dejo una de sus frases: «He pintado reyes y prostitutas… No pinto a una persona porque sea famosa. Pinto a los que me inspiran y me hacen vibrar.»

Los Inklings de Oxford

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El pub «The Eagle and Child» en St. Giles street (Oxford) fue el lugar de reunión de la sociedad literaria de los Inklings. Dos de sus miembros principales, J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis, intercambiaron ideas aquí. Gracias, en parte, a esas conversaciones y debates mantenidos lograron sacar a la luz dos de las sagas de fantasía épica más famosas de la historia de la literatura: El Señor de los Anillos y Las Crónicas de Narnia, respectivamente, cuyo tema central es la lucha entre el Bien y el Mal.

Para todo aquel interesado en conocer un poco más sobre este grupo de prolíficos escritores recomiendo, además de las geniales y archiconocidas adaptaciones cinematográficas de sus novelas, la película Shadowlands (1993) de Richard Atrenbrough. En esta última se aborda la triste pero hermosa historia de amor de C. S. Lewis (Anthony Hopkins) y la poetisa estadounidense Joy Gresham (Debra Winger), que se desarrolló en la década de los cincuenta cuando ella se trasladó a vivir a Oxford con su hijo pequeño tras el divorcio de su primer marido. Lo que empezó siendo una relación de amistad se tornó paulatinamente en un romance para un escritor que parecía decidido a pasar soltero el resto de sus días. Y entonces, cuando menos lo esperaba, se despertó en él un sentimiento del que solo había leído hablar en los libros. Y es que, como dice la canción: «La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.»

El film resulta revelador por las reflexiones que contiene acerca del amor, la pérdida y el papel que juega la religión (en este caso el cristianismo) a la hora de ofrecer explicación y consuelo al dolor y al sufrimiento ante la muerte de un ser querido. Os dejo aquí una de las frases, en mi opinión, más hermosas de la película, pronunciada por Hopkins: «Somos como bloques de piedra a partir de los cuales el escultor, poco a poco, va formando la figura de un hombre. Los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen perfectos.» Pueden verse en esta bella metáfora ciertas semejanzas con la técnica del non finito aplicada por Miguel Ángel a algunas de sus esculturas. El genio renacentista fue un adelantado a su tiempo pues tenía la certeza de que las figuras luchaban por escapar de la piedra que las retenía para salir al exterior, razón por la cual un conjunto de esculturas (Los esclavos) parecen inacabadas. El artista lo expresó con estas palabras: «Cada bloque de piedra tiene una estatua en su interior y es la tarea del escultor descubrirla

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Como intento poner de manifiesto en algunos de los artículos de este blog, las ideas se traspasan de generación en generación y de unos artistas a otros, pero es labor de cada uno de ellos escoger un lenguaje y estilo personales para expresar esa idea. Si no, ¿qué sentido tendría seguir escribiendo, pintando o componiendo cuando todo parece haber sido dicho? Los Inklings hicieron eso. Tolkien y Lewis, entre otros, se basaron en la mitología grecolatina y nórdica, las leyendas artúricas y otras tradiciones literarias (en especial, la bíblica), pero fueron capaces de ir más allá hasta crear universos únicos que han permitido soñar a infinidad de lectores y espectadores de todo el planeta.

El triste olvido de los espacios abandonados

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Al sur de Ciudad Real, limitando con la provincia de Córdoba, se ha de atravesar una especie de túnel del tiempo de, aproximadamente, un kilómetro de longitud para acceder a Minas del Horcajo. Este pueblo, dedicado antaño a la minería de la plata, se encuentra enclavado en medio de un valle. En el siglo XIX llegó a tener más de 4000 habitantes. Ahora tan solo sobreviven en él unas 9 personas. Su progresivo abandono a raíz del cierre de las minas y del éxodo rural lo convierte en una aldea fantasma que se resiste a ser olvidada.

Otros ejemplos similares los hallamos en el célebre pueblo de Belchite (Zaragoza) y en el menos conocido, aunque no por ello menos interesante, Poble Vell de Corbera d’Ebre (Tarragona), poblaciones que sufrieron violentos bombardeos durante la guerra civil. En la actualidad, un esqueleto de ruinas constituye, en ambos casos, el testimonio directo para conocer los horrores del conflicto.

Si nos adentramos someramente en el mundo de la narrativa, comprobaremos que la temática del olvido ha encontrado su materialización en obras que han reflexionado sobre el abandono de los lugares. Piénsese, por ejemplo, en La lluvia amarilla (1988) de Julio Llamazares, donde se relatan, con asombroso y evocador lirismo melancólico, los días finales del último habitante de Ainielle, pueblo de Huesca cuyos restos pueden visitarse hoy en día. El siguiente fragmento es significativo de lo que vengo comentando hasta ahora: «Era el año cincuenta. Quedábamos aquí ya sólo tres vecinos: Julio, Tomás Gavín y yo. Todos desperdigados por el pueblo entre las numerosas casas cerradas o en ruinas. Todos rendidos ya a la evidencia de que Ainielle se moría. Adrián hacía ya algún tiempo que vivía conmigo y con Sabina en nuestra casa. Él no tenía ninguna. Durante más de medio siglo había trabajado como criado en la de Lauro y, cuando éstos se marcharon, Adrián se quedó solo, como un perro sin dueño, sin casa, sin familia y sin trabajo.»[1] El tono de la historia, cercano, por momentos, al realismo mágico, y el motivo  del amarillo, como símbolo del olvido, nos remite, en cierto modo, al Macondo de Cien años de soledad (1967) del colombiano Gabriel García Márquez.

La ganadora del Premio Cervantes 2014, Ana María Matute, abordaría, de igual manera, el tema de la memoria en su extensa y ambiciosa novela Olvidado rey Gudú (1996). Si bien es cierto que la historia se enmarca dentro del género de la fantasía épica y los cuentos de hadas, ello no le impide a la escritora reflexionar sobre el olvido y la desaparición del legendario reino de Olar, escenario principal de todas las intrigas que se suceden a lo largo de la narración.

También tenemos el caso de Jesús López Pachecho, autor de Central eléctrica (1958). La novela, ambientada en el pueblo ficticio de Aldeaseca, nos muestra la difícil situación que vivieron algunos de sus habitantes después de que fuesen obligados a abandonar sus hogares ante la inminente construcción de un pantano y su central hidroeléctrica. Resulta sorprendente que una obra como esta, cuyo tema central es el conflicto entre civilización y barbarie, apenas se conozca en la actualidad, pese a haber sido finalista del Premio Nadal. El siguiente pasaje resume bastante bien la esencia del libro: «Les hundieron su verdadero pueblo y sus verdaderas tierras, y a cambio les dieron trabajo en la presa. Pero el trabajo ha durado ocho años y ya no tienen pueblo ni tierras. El pueblo blanco que les construimos no les vale, no es el «suyo». Y las tierras son incultivables.»[2]

Recomiendo la lectura de esta obra a todo aquel interesado en conocer e indagar un poco más en una realidad  que pasa muchas veces desapercibida ante nuestros ojos. Y esa realidad no es otra que la de los pantanos y la historia de las anónimas personas que sacrificaron sus vidas en su construcción. Sería una insensatez, por mi parte, negar las infinitas e indiscutibles ventajas y comodidades que nos han aportado los embalses. Sin embargo, estoy convencido, al mismo tiempo, de que no debería olvidarse la parte más oscura de su historia. Conocer la vida de un edificio implica conocer también su intrahistoria y, en consecuencia, la de las personas que participaron activamente en su realización. En esta línea encontramos a Ken Follet con Los pilares de la tierra (1989) y a Ildefonso Falcones con La catedral del mar (2006).

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El asunto de los pueblos que fueron inundados para la realización de pantanos también aparece mencionado por Alejandro Casona en su drama La dama del alba (1944) y es uno de los temas centrales que vertebra la pieza Nostalgia del agua de Ernesto Caballero

Fuera del ámbito estrictamente literario, son innumerables los ejemplos que podrían citarse sobre lugares que van a desaparecer o que han sido ya relegados a la soledad del olvido. Un caso reciente es el del restaurante chino de la plaza de España en Madrid (al que he dedicado mi anterior entrada).

No me gustaría concluir este artículo sin rescatar dos casos más, sumamente llamativos e interesantes respecto a lo que se ha tratado: uno es el de la película documental Visages et villages (2017), donde la «grand-mère» de la Nouvelle Vague, Agnès Varda, se propone recorrer algunos lugares de Francia, acompañada del fotógrafo JR, con el fin de recuperar los recuerdos de determinados espacios por medio de fotografías murales adheridas a las fachadas de esas construcciones abandonadas, concediendo una nueva vida a esos lugares.

El otro ejemplo es el del israelí Shapahak Shapira, que, en su proyecto online de 2017, Yolocaust, se cuestiona sobre los riesgos que entraña olvidar el pasado de los lugares, en este caso, de rincones de Berlín traspasados por la violencia del nazismo. Y es que, como dijo el filósofo español George Santayana en uno de los cinco volúmenes que integran La vida de la razón (1905-1906): «Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.»

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Ubi sunt? Ante ese tipo de olvido (que podríamos denominar «geográfico»), y que parece inevitable en la inercia del progresivo avance temporal, nuestra labor es la de ser depositarios y transmisores de la historia de esos espacios, manteniendo viva su memoria y, con ella, la de sus habitantes ya desaparecidos.

[1] LLAMAZARES, Julio (1993): La lluvia amarilla. RBA Editores, Barcelona, p. 84.

[2] LÓPEZ PACHECO, Jesús (1970): Central eléctrica. Ediciones Destino, Barcelona, p. 298.

La Motilla del Azuer: ¿el origen de Atlantis?

«El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.»
(«La casa de Asterión», J. L. Borges)

El yacimiento prehistórico de la Motilla del Azuer en Daimiel es una fortaleza circular perteneciente a la Edad del Bronce (2200-1300 a. C). Se piensa que cumplía la función de almacenamiento de comida aunque otras personas (como el cineasta israelí-canadiense, Simcha Jacobovici, en el documental Atlantis Rising (2017), producido por James Cameron) se aventuran a afirmar que se trata, nada más y nada menos, que del punto de origen de la civilización atlante, descrita por el filósofo Platón en su República. No obstante, esta hipótesis ha sido desmentida por algunos miembros de la comunidad científica. Estos aseguran que las motillas eran construcciones habituales que aprovechaban el cauce de los ríos, en este caso el río Azuer (afluente del Guadiana).

 

Las escalofriantes aventuras de Sabrina

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Las escalofriantes aventuras de Sabrina es una serie creada por Roberto Aguirre-Sacasa para Netflix que se estrenó el pasado 26 de octubre, aprovechando la cercanía de Halloween. La ficción sigue los pasos de la bruja adolescente de Greendale, Sabrina Spellman (Kiernan Shipka) y su enfrentamiento con las fuerzas del Mal ante su inminente bautismo oscuro para aceptar plenamente su condición de hechicera.

La serie se basa en el cómic homónimo de 2014, que a su vez reescribía en clave oscura al personaje creado para las historietas de Archie (protagonista de Riverdale) que  empezaron a publicarse en los años cuarenta. Si bien es cierto que la bruja Sabrina comenzó su andadura como personaje secundario, tal fue su enorme popularidad que logró tener su propia tira de cómics. Sería a partir de estos que en 1996 se emitiese la conocida serie televisiva interpretada por Melissa Joan Hart. A diferencia de aquella, la ficción de Netflix posee un componente de humor negro y de terror que logra meter al espectador en esa atmósfera gótico-romántica de profundos bosques brumosos y casas encantadas, siguiendo la estela del Tim Burton de Sleepy Hollow (1999), del Sam Raimi de Evil dead (1981), del Alexandre Aja de Horns  (2013) o de las portadas de literatura pulp como se ve en la cabecera de los títulos iniciales de la serie. Estamos, sin duda, ante una obra sumamente entretenida con un aire sesentero (la ficción original se ambientaba en esos años) que se respira ya desde el primer minuto, cuando vemos a la joven protagonista en una sala de cine con sus amigos viendo La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero.

El mundo de la brujería ha sido retratado en el arte de muy diversas maneras: unas ofreciendo una visión más amable de los magos (como el personaje de Merlín el encantador de la factoría Disney)  y otras resaltando esa vinculación con el satanismo, visión difundida a partir de la Edad Media (es el caso de La Celestina, por citar uno de los ejemplos más significativos de la literatura española. Recuérdese el momento en el que la vieja alcahueta invoca al dios del Inframundo, Plutón, para que la ayude a lograr que Melibea sucumba a los encantos de Calixto),  pero sobre todo del siglo XVII (con los Juicios de Salem). Es especialmente con esta última visión con la que entronca directamente la serie. Y en la misma línea, por si hay aguien interesado en conocer otras obras similares, recomiendo la tercera temporada de la serie ideada por Ryan Murphy, American Horror Story: Coven (2013-2014); la película independiente La bruja (2015) de Robert Eggers y el cómic Las brujas de Westwood (2013), cuya historia fue creada por el escritor malagueño El Torres.

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La sirena del Congosto

 

Continuando en la misma línea que en mi anterior entrada, hoy os traigo una curiosa historia. El fin de semana pasado, un amigo me invitó a su pueblo, Fernán Caballero (Ciudad Real) para hacer una ruta de senderismo a la Laguna del Congosto, un apacible paraje situado a unos siete kilómetros de distancia y surcado por el río Bañuelos. Algunos de los lugareños nos adviertieron antes de llegar sobre los peligros que entrañan sus aguas. Al parecer, nadie ha logrado conocer su profundidad exacta, enigma acrecentado especialmente a raíz de que un carro se despeñase, hundiéndose en la marisma. Nunca más se supo de él. Posiblemente su desaparición haya que relacionarla con una fantástica y extraordinaria leyenda que circula por la zona. Según esta, la laguna es el hogar de una criatura híbrida, mitad humana, mitad pez….una sirena de piel escamosa y voz encantadora que ha sido vista solo por algunos pocos afortunados en la Noche de San Juan (23 de junio), fecha en la que, como es sabido, las fronteras entre el mundo mágico y el de los humanos desaparecen.

Al contemplar la quietud de las aguas de la laguna no me pude resistir a leer el comienzo de la leyenda Los ojos verdes de Gustavo Adolfo Bécquer, uno de mis poetas predilectos, que dice así: «Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano.»

Tal vez, leyendo aquellas palabras esperaba que surtiesen algún efecto de invocación, haciendo surgir de la oscura superficie a la sirena, pero tan solo escuchamos un chapoteo lejano… Unas nutrias seguramente, o quién sabe. Antes de marcharnos, decidí, no obstante, depositar sobre una roca una piedra votiva…una especie de ofrenda a aquella criatura antigua del agua. Quien me lea pensará que estoy un poco loco y, aunque fue una broma, a veces es bueno creerse las leyendas que oímos pues poseen un sustrato de verdad. Y es que como nos dijo la madre de mi amigo: «¿Por qué habrían de mentirnos nuestros abuelos?» Ahora, mientras escribo estas palabras yo me pregunto sobre el porqué…¿Lo hicieron acaso para prevenirnos sobre los riesgos del medio acuático…o realmente es que observaron algo sorprendente y fuera de lo común? Un silencio misterioso me responde…

 

El doble en la narrativa hispanoamericana

  1. Introducción 

El presente artículo tiene como objetivo analizar la presencia del “doble” en varios textos de narrativa hispanoamericana. Desde su aparición, este mito, que tiene su origen en la intuición de que el ser humano podría estar proyectado en otra entidad, ha despertado el interés de gran número de escritores.

El doble, como bien dice Juan Herrero Cecilia [2011], nos remite a la problemática de la misteriosa identidad del ser humano y al enigma de su duplicidad y desdoblamiento. Este asunto supera las barreras literarias y ha terminado siendo motivo de estudio de la psicología y la filosofía (el dualismo entre el mundo tangible y el de las ideas al que se refería Platón; el Yin y el Yang del taoísmo…).

Uno de los misterios al que ha de enfrentarse cualquier ser humano con un mínimo de inquietudes existenciales es el de su propia identidad. El hombre intenta configurarla y definirla a lo largo de su vida, y es en ese proceso cuando se encuentra con que es un ser dual dotado de un cuerpo y de un alma. Valiéndome de las palabras de Herrero Cecilia [2011]:

«[…] en el camino nos contentamos a veces con la contemplación narcisista de nuestra propia imagen en alguna forma de «espejo» para sentirnos vivos, y otras veces, deseamos transformar los límites de nuestra experiencia decepcionante construyendo un ideal soñado que nos pueda acercar a la realización de nuestra plena identidad.»

Esto último es lo que le sucede precisamente a Oliveira, protagonista de Rayuela, como se verá en el apartado correspondiente.

En esa búsqueda de la identidad, el ser humano siente un desdoblamiento de sí mismo, al producirse la dualidad entre lo que es y lo que desearía ser. El problema surge cuando esa dualidad se convierte en obsesión, afectando a la propia personalidad. Es aquí donde entra en juego la figura del doppelgänger, término alemán inventado por Jean-Paul Richter en 1796 para referirse al doble fantasmagórico de una persona viva. 

Los doppelgängers han aparecido en infinidad de obras literarias de ciencia ficción y fantasía, en las cuales representan un tipo de ser que imita a una persona. Entre algunos de los textos que se han acercado a este motivo destacan: Las Metamorfosis de Ovidio; Anfitrión, de Plauto; El hombre de la arena, de Hoffman; Don Quijote (cuando el protagonista y su fiel escudero Sancho descubren que existen unos dobles de ellos mismos creados por un escritor llamado Avellaneda); El estudiante de Salamanca de José de Espronceda; El horla de Guy de Maupassant; William Wilson de Edgar Allan Poe; El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson; El retrato de Dorian Gray de Óscar Wilde, donde el retrato actúa como conciencia de la degradación moral a la que se ha visto sometido el protagonista; La sombra de Benito Pérez Galdós; El otro de Miguel de Unamuno; El amante bilingüe de Juan Marsé; El hombre duplicado de José Saramago; La mujer de verde de Cristina Fernández Cubas, Las luces de septiembre o El juego del ángel de Carlos Ruiz Zafón,  El visitante de Stephen King o cualquier historia de superhéroes en la que estos mantienen una doble identidad.

De igual manera, el cine también se ha hecho eco de esta enigmática figura en películas como Fresas salvajes de Ingmar Bergman; El doble de Robert Mulligan; La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel; La doble vida de Verónica de Krzysztof Kieślowski; El escondite de John Polson; Silent Hill de Christophe Gans; la inquietante Reflejos de Alexander Aja; Avatar de James Cameron; Mi otro yo de Isabel Coixet; Interestellar de Christopher Nolan; It follows de David Robert Mitchell; Colossal de Nacho Vigalondo; Your name de Makoto Shinkai; Cam de Daniel Goldhaber; Nosotros de Jordan Peele; Ana de día de Andrea Jaurrieta; las series La maldición de Hill House de Mike Flanagan y Muñeca rusa creada por Natasha Lyonne, Leslye Headland y Amy Poehler o la cinta Otra tierra de Mike Cahill. En el caso de esta última se descubre que nuestro planeta se halla duplicado, planteándose la posibilidad de que exista otro “yo” y de si este habrá  cometido los mismos errores.

  1. El doble en la invención de Morel de Bioy Casares

La invención de Morel es una novela publicada en 1940 e influida notablemente por el cine y la fotografía. La idea de que estos medios puedan asimilar el alma de los seres que son fotografiados o grabados está en el origen de la historia.

El protagonista (del que nunca se llega a saber el nombre) aparece en una isla «desierta» huyendo de la justicia.  Al poco tiempo descubre que no está solo sino que con él conviven una serie de personas. A medida que se prolonga su estancia, va tomando nota en su diario de las costumbres de esos misteriosos habitantes a los que observa desde un escondite y termina enamorándose de una de las jóvenes del grupo: Faustine. En varias ocasiones intenta entablar una conversación con ella, pero esta parece ignorarlo. Finalmente se revela que esos individuos no son reales sino que se trata de imágenes holográficas creadas mediante la máquina del científico Morel. Este se erige como creador de una realidad que, en verdad, es copia y repetición de otra ya existente (como en el mito de la caverna de Platón). El diario que leemos es, por tanto, anterior a la exposición del protagonista a la máquina ya que esta terminará por convertirlo en una especie de autómata semejante al de los cuentos de Hoffman.

Como explicaba, el invento de Morel consiste en duplicar la realidad y a los seres que la habitan, pero matando a los originales.  Lo que en verdad pretende el científico es vivir eternamente a través de imágenes proyectadas, imágenes en definitiva que no tendrán autonomía  pues se limitarán a repetir una y otra vez los movimientos que registraron. Esa utopía a la que aspiraba Morel terminará convirtiéndose finalmente en una distopía infernal para el protagonista del relato. Y es que, su problema consiste en haberse enamorado de un fantasma artificial, es decir, de una imagen que nunca podrá amarlo, precisamente porque nunca se han conocido. A pesar de ello, decide duplicarse (y con ello morir) para entrar a formar parte de ese mundo artificial de imágenes proyectadas. Dice  en un momento de la novela:

«Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas imágenes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma).»

A través de estas palabras, el lector comprende que hay un amor imposible entre dos seres que nunca se han conocido, y  que jamás lo harán. El protagonista está enamorado de un imposible (una mujer que ya ha dejado de existir en cuanto a ser autónomo). La decisión que toma se podría poner en relación con la de aquellas  personas que, huyendo de la realidad, se refugian en los mundos virtuales, aun sabiendo  que se trata de universos artificiales.

La enorme originalidad de la trama hizo que Borges la considerara como la novela perfecta, influyendo además en la enigmática película experimental L’Année dernière à Marienbad (1961) de Alain Resnais y en la popular serie Lost (2004-2010) creada por J. J. Abrams.

  1. Borges y el doble

Dentro de la narrativa del argentino aparecen multitud de temas y obsesiones como los cuchillos, los laberintos, las bibliotecas infinitas y el que nos interesa en este caso, el del doble.

  • El otro

Este relato pertenece a El libro de arena, de 1975, obra de la última etapa del autor que se caracteriza por el retorno a los motivos fantásticos que ya habían aparecido en obras anteriores como El Aleph, de 1945.

El protagonista (el propio Borges) escribe en 1972 sobre un acontecimiento que tuvo lugar en 1969 al norte de Boston, en Cambridge. Un Borges ya anciano  se encuentra con su doble (una versión de 1918, más joven), que dice que está en Ginebra. El doble se muestra desconcertado y desconfiado al principio, pues piensa que, en cualquier caso, él es el verdadero Borges mientras que el adulto siente un amor de padre por esa criatura que acaba de conocer. Entabla un diálogo con su otro yo para demostrarle que ambos son la misma persona. Dice:

«Éramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el diálogo. Cada uno de los dos era el remedo caricaturesco del otro.»

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En lo relativo a la ubicación, el encuentro junto al río nos remite a la filosofía de Heráclito, operando como símbolo del fluir del tiempo. De igual modo, resulta de enorme belleza la forma en que Borges/anciano aconseja a Borges/joven que no ha de temer a la ceguera que irá afectando poco a poco a su visión:

«Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista. Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano»

En su conjunto resulta un cuento ambiguo pues el lector no sabe realmente qué personaje soñó a quien: ¿El Borges narrador al Borges joven? ¿O el Borges joven al Borges narrador?

Este relato es interesante ya que en él nos encontramos tres versiones de una misma persona:

  • Borges autor: pertenece a la realidad del lector. Es el ser real que escribe e inventa el relato.
  • Borges adulto y narrador: versión que se halla más cercana al Borges autor.
  • Borges joven: podría ser considerado una personificación de un recuerdo evocado por el Borges anciano que escribe el relato.

Los tres Borges unidos configuran la personalidad del autor. Ambos constituyen diferentes capas de una misma alma o, si se prefiere, distintas realidades de un mismo ente.

  • Borges y yo

Otro texto que conviene rescatar del argentino en cuanto a la aparición del motivo del doble es Borges y yo. En este breve relato se muestra el temor del autor a desparecer, ante lo cual decidirá transferir parte de su esencia a su otro yo, es decir, a aquel yo que habita en sus relatos:

«Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar.»

Las palabras finales con las que se cierra el texto son reveladoras de esa duda sobre la propia identidad: «No sé cuál de los dos escribe esta página.»

  1. Cortázar y el doble
  • Lejana

Lejana es uno de las historias que componen Bestiario. Se trata del primer cuento en el que Cortázar abordó la figura del doble o doppelgänger.

Alina Reyes es una pianista joven de buena familia que reside en Buenos Aires. Tiene una vida sin preocupaciones asistiendo a conciertos y al teatro. Sin embargo, su tranquilidad se va resquebrajando poco a poco cuando descubre que hay otra persona que trata de comunicarse con ella a través de los sueños. Esa presencia difusa va adquiriendo un contorno más preciso en la medida en que avanza el relato, hasta que se aclara que ese ser que interfiere en su mundo es una mendiga de Budapest, que es maltratada por un hombre. La presencia del doble se convierte en una obsesión para Alina. Es por ello que decide ir en busca de su otro yo aprovechando su luna de miel. Una vez allí se cruza con la mendiga en un puente; ambos personajes se abrazan, y ocurre entonces el intercambio de almas. Alina se queda atrapada en el cuerpo de la mendiga mientras que esta se introduce en el cuerpo de Alina.

El cuento está narrado en primera persona como si fuese el diario de Alina. Sin embargo, en el momento en que esta llega a Budapest, su voz desaparece dejando paso a la tercera persona:

«Alina Reyes de Araóz y su esposo llegaron a Budapest el 6 de abril y se alojaron en el Ritz. Eso era dos meses antes de su divorcio.»

El propio Cortázar comentó una vez:

«Para mí es absolutamente fantástico el final del cuento. Como en realidad la mendiga es el doble de Alina lo que pasa es que hay un intercambio psíquico, el alma de Alina queda en el cuerpo de la mendiga y el alma de la mendiga se apodera del cuerpo de Alina y la que se va triunfante es en realidad la mendiga en el cuerpo de Alina y eso es bastante astuto. Incidentalmente se dice al final dos meses antes del divorcio, porque tú te imaginas lo que se encontró el marido de Alina cuando le llegó Alina que ya no era Alina. Es horrible pensarlo pero ya no entraba en mis planes hablar de eso. Es otro cuento pero el lector puede pensarlo.»

El doble comienza a manifestarse a través de los sueños, lo cual provoca insomnio en la protagonista, quien además  experimenta el frío y el dolor que siente la mendiga en Budapest. Esa frialdad se opone a la calidez de Buenos Aires. A pesar de todo ello, Alina se siente incompleta pues sospecha que le falta algo y es precisamente esta carencia la que motiva el viaje. Finalmente, quedará atrapada en el cuerpo de la mendiga. Era este el único modo que tenía de ayudarla. El puente termina convirtiéndose, por tanto, en un lugar simbólico ya que es en ese espacio donde se produce el intercambio de almas, o bajo mi interpretación, de dos fragmentos de una misma alma, algo similar a lo que sucede en el final de la serie Muñeca rusa.

3.2. El doppelgänger en Rayuela

El tema del doble vuelve a aparecer en la novela Rayuela, donde el personaje central, Horacio Oliveira, se siente como un desdoblamiento de su amigo Traveler. Del mismo modo, sospecha que Talita (esposa de Traveler) es un doble de su amante, la Maga (Lucía). El sentido del doble vuelve a ser la imperfección que sufre el protagonista. A lo largo de la novela observamos que está en una búsqueda constante de su propia identidad, primero por las calles de París y finalmente por las de Buenos Aires, geografía a la que también se traslada el juego de dobles realidades. Como señala Carlos Fuentes:

«La odisea de Oliveira lo lleva de París, el modelo original, a Buenos Aires, la patria falsa. Buenos Aires es la cueva en la que se reflejan las sombras del ser.»

El propio juego de la rayuela funciona como símbolo de la búsqueda de la identidad, una búsqueda que concluirá con la unión definitiva en la última casilla de las dos mitades de Horacio, cuando este decide saltar por la ventana. Mientras que en Lejana, los espacios del lado de acá y de allá se corresponden con Buenos Aires y Budapest, respectivamente, en Rayuela, tenemos Buenos Aires y París. El parecido físico entre Horacio y Traveler es notado por Talita en el capítulo 44: «Cómo te parecés a Horacio-dijo Talita-. Es increíble cómo te parecés.»

En un diálogo que mantienen Traveler y Oliveira en el capítulo 56, el último le dice al primero hablando de ambos: “Como dos mellizos que juegan en un sube y baja, o simplemente como cualquiera delante del espejo. ¿No te llama la atención, dopplegänger?”

Para Oliveira, Traveler y Talita representan la pareja perfecta que a él le hubiese gustado formar con la Maga. Es por ello que Horacio ve en ellos el deseo frustrado de su amor por Lucía. Oliveira proyecta la imagen de la Maga sobre Talita. De esta manera, Talita compensaría la pérdida de Lucía. Él se concibe a sí mismo como doble de Traveler. Sin embargo, en el capítulo 56, este se enfada con Oliveira y le reprende:

«El verdadero doppelgänger sos vos, porque estás como desencarnado, sos una voluntad en forma de veleta, ahí arriba. Quiero esto, quiero aquello, quiero el norte y el sur y todo al mismo tiempo, quiero a la Maga quiero a Talita y entonces el señor se va a visitar la morgue y le planta un beso a la mujer de su mejor amigo. Todo porque se le mezclan las realidades y los recuerdos de una manera sumamente no-euclidiana.»

En este fragmento queda patente que el único  que percibe el doble es Horacio. Su obsesión por la Maga llega a tal extremo que se la imagina en otra persona. Es entonces cuando el lector comprende que Horacio sufre alucinaciones. En el mismo capítulo, más adelante, en el momento en el que Horacio está a punto de saltar por la ventana, Traveler le dice que Talita no es la Maga, a lo que este responde:

«- Yo sé que es Talita, pero hace un rato era la Maga. Es las dos, como nosotros.

-Eso se llama locura-dijo Traveler.»

A lo largo de la novela, Horacio anda tras la búsqueda constante de sí mismo.  Como decía, esa búsqueda concluirá con el encuentro consigo mismo al caer en la casilla del Cielo de la rayuela.

  1. El doble en Aura de Carlos Fuentes

Aura es una novela corta del escritor mexicano Carlos Fuentes publicada en 1962 e inspirada, a su vez, en el relato La cena (1912) de Alfonso Reyes. En la historia, ambientada, en 1961 en la Ciudad de México, el protagonista, Felipe Montero, es un historiador que acepta la oferta de trabajar en una casa para ordenar las memorias del fallecido general Llorente. En la hacienda viven la anciana Consuelo, viuda del general, y su bella sobrina Aura, de la cual se enamorará perdidamente. La novela está contada en segunda persona por un narrador que parece un desdoblamiento del protagonista. El misterio que se respira en la mansión comienza a deteriorar poco a poco la salud mental de Felipe, llevándole a sospechar que la anciana mantenga prisionera a Aura:

«Te preguntas si la señora no poseerá una fuerza secreta sobre la muchacha, si la muchacha, tu hermosa Aura vestida de verde, no estará encerrada contra su voluntad en esta casa vieja, sombría. Le sería, sin embargo, tan fácil escapar mientras la anciana dormita en su cuarto oscuro. […] quizá Aura espera que tú la salves de las cadenas que, por alguna razón oculta, le ha impuesto esta vieja caprichosa y desequilibrada.»

Felipe termina haciendo el amor con Aura, tras lo cual la joven le hace jurar que la amará aunque pierda su belleza. En ese momento, Aura se levanta y vemos que en el cuarto también estaba Consuelo, generando la duda de que Aura y Consuelo puedan ser la misma persona:

«Te repites que siempre, cuando están juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran, salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de una dependiese la existencia de la otra. Te cortas ligeramente la mejilla, pensando estas cosas mientras te afeitas.»

El protagonista  aprovecha un momento en que la anciana abandona la casa para indagar en la historia del general, descubriendo así, y el lector también, que la esposa es Aura y que él es el general.

Ese ansia de belleza permanente que siente Consuelo/Aura se puede poner en paralelo con la máquina de La invención de Morel.  El artilugio puede apresar la belleza de una persona y repetirla eternamente en una proyección infinita.

  1. Conclusión

El análisis de estos textos  permite indagar en la problemática de la identidad del ser humano. El reconocimiento del doble por parte de los personajes implica una aceptación de la imperfección y de ese lado oscuro que todos llevamos dentro. Los protagonistas de muchas de estas obras se sienten incompletos al reconocer que les falta algo. Es por ello que muchos inician la búsqueda de ese otro “yo” que conforme su identidad fragmentada. De igual manera, el desdoblamiento puede verse como una metáfora de la oposición entre los contrarios que coexisten en nosotros. En este sentido, el “otro” vendría a ser aquella parte oscura que está latente en nuestro interior y que intenta salir al exterior, materializándose a través de la figura del doble. Parafraseando a Juan Bargalló Carreté, la presencia del “otro” supondría reconocer nuestro propio vacío y su búsqueda constituiría la respuesta para llenar esa ausencia.

Bibliografía

Bargalló, Juan (Ed.) (1994): Identidad y alteridad: aproximación al tema del doble. Sevilla: Alfar.

Bioy Casares, Adolfo (2003): La invención de Morel. Madrid: El País.

Borges, Jorge Luis (2009): El libro de arena. Barcelona: Destino.

Borges, Jorge Luis. Borges y yo. http://www.literatura.us/borges/ (18-12-2014)

Cortázar, Julio (2013): Rayuela. (Ed. de Andrés Amorós). Madrid: Cátedra.

Cortázar, Julio (2006): Bestiario. Madrid: Punto de Lectura.

Fuentes, Carlos (1994): El mal del tiempo. Volumen 1. Aura, Cumpleaños, Una familia lejana. Madrid: Alfaguara.

Haghroostra, Maryam (2011): “Algunas consideraciones acerca de Lejana” en ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura. Vol. 187. Nº 752. http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/1398/1407 (20-12-2014)

Herrero Cecilia, Juan (2011): “Figuras y significaciones del mito del doble en la literatura: teorías explicativas” en Cédille. Revista de estudios franceses. http://cedille.webs.ull.es/M2/02herrero2.pdf (20-12-2014)

López Pellisa, Teresa (2009): “El digitalismo en La invención de Morel. http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/8864/digitalismo_lopez_LITERATURA_2008.pdf?sequence=1 (20-12-2014)

Rabí Do Carmo, Alonso (2006): “Doble e imágenes especulares en Julio Cortázar (a propósito de Lejana, La isla a mediodía y RayuelaUniversidad Nacional Mayor de San Marcos. http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/san_marcos/n24_2006/a08.pdf (20-12-2014)