«Boyhood»: momentos de una vida

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«Momentos de una vida» carece de precedentes en la historia del séptimo arte. Rodada a lo largo de doce años, el director norteamericano Richard Linklater nos muestra el paso de la infancia a la madurez a través de los ojos de Mason, un niño de doce años interpretado por el desconocido Ellar Coltrane. El realismo con el que está contada la historia es asombroso y en ningún caso resulta forzada. ¿Quién no se sentirá identificado con el protagonista en algún momento del metraje? No deja de recordar a la naturalidad de «La vida de Adèle», triunfadora de Cannes en 2013; aquella franqueza con que por ejemplo se mostraba a la protagonista comiendo unos espaguetis. En la vida de Mason no hay pasta con tomate, pero sí una carta de platos agridulces: la separación de sus padres, los continuos cambios de pareja de su madre (interpretada por una genial Patricia Arquette), la entrañable relación con su padre (Ethan Hawke, actor fetiche de Linklater), el primer amor, la incertidumbre ante el futuro… Los 163 minutos de metraje pasan en un abrir y cerrar de ojos; y cuando apenas nos queremos dar cuenta, Mason ya ha dejado de ser un niño y ha entrado en la edad adulta, una edad de responsabilidades. Tenemos la sensación de conocerle bien, precisamente porque es un ser realista y bien construido. En absoluto se trata de uno de los muchos personajes planos a los que nos tiene acostumbrados un amplio sector del cine actual. Richard Linklater ya había expresado su preocupación por el paso del tiempo en anteriores films como su aclamada trilogía «Antes del amanecer» (1995), «Antes del atardecer» (2004) y «Antes del anochecer» (2013), donde reflexionaba sobre el desarrollo de una relación amorosa a lo largo del tiempo. Sin embargo, aquí lleva esa inquietud hasta sus máximas consecuencias. Linklater quiere mostrar la vida tal y como es, sin idealismos de ningún tipo. Para ello se vale de un muchacho corriente de barrio. Un personaje sin elevadas aspiraciones que ante todo desea vivir y que, como viene a decir «Hero» -una de las canciones de la película, del grupo Family of the year- no quiere ser un héroe. Habituados a películas donde el protagonista nos viene dado desde el comienzo, aquí Mason deja de ser personaje y se convierte en persona. Se nos va haciendo a medida que avanza la historia, una historia salpicada de momentos y cuyo fin desconocemos.

 

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