«Los ojos verdes» y «Ondine»: dos modalidades de seducción

ondine

  1. Introducción

En el presente artículo se ofrece un estudio comparativo entre dos modalidades de sirenas  a través de la leyenda Los ojos verdes de Gustavo Adolfo Bécquer y la película Ondine de Neil Jordan. Antes se hará un recorrido por los diferentes tipos de sirenas que puede haber en función de la región en la que nos encontremos. Y es que,  a pesar de las semejanzas que puedan guardar las distintas versiones,  existe una clara diferencia a la hora de seducir, que es lo que determina que consideremos a estas criaturas como seres maléficos o benévolos.

  1. La sirena: la belleza encantadora

Según la definición que ofrece Cirlot en su Diccionario de símbolos, la sirena es una «figura simbólica que aparece bajo dos aspectos principales, como mujer-pájaro o como mujer-pez. Las sirenas de la mitología griega se suponían hijas del rey Aqueloo y de la ninfa Calíope. Ceres las transformó en aves. Habitaban lugares escarpados. La leyenda les atribuía un canto dulcísimo con el cual atraían a los caminantes para devorarlos. Ulteriormente aparecieron las sirenas de cola de pez, habitantes de las islas rocosas y de los arrecifes, las cuales se comportaban tal cual sus hermanas del elemento del aire. El mito de las sirenas es uno de los más persistentes y a través del folkore de muchos pueblos marineros se conservan creencias relativas a ellas hasta la actualidad.»[1]

Las sirenas son criaturas híbridas que poseen un enorme poder de seducción a través de su belleza, pero, sobre todo, a través de su canto. La modalidad que ha llegado hasta nuestros días es la criatura con el torso de mujer y la cola de pez. Las sirenas han aparecido caracterizadas, en la mayoría de las ocasiones, como seres diabólicos que intentan perder al hombre. En este sentido,  vendrían a simbolizar la “tentación” que impide avanzar al héroe. Piénsese en La Odisea, cuando Ulises intenta regresar a Ítaca junto a su amada Penélope. De hecho, según dice el novelista e investigador francés Édouard Brasey en su libro Sirènes et Ondines (1999), el término habría evolucionado a partir de seirazein, cuyo significado vendría a ser algo así como «atar con cuerda», recordando, por tanto, al momento en el que el héroe griego fue atado al mástil de su embarcación para poder disfrutar del canto sin llegar a sucumbir a sus letales efectos. La visión de la sirena como ser encantador y maléfico (que, en ocasiones, adquiere rasgos  vampíricos) se mantendrá en las artes hasta bien entrado el siglo XIX. Será el cuento La sirenita (1837), del escritor danés Hans Christian Andersen, el que suponga el punto de partida a la hora de representar a las sirenas como seres afables, adelantándose casi dos siglos a Maléfica (2014) de Robert Stromberg. Lo que hace Andersen es humanizar a la criatura, la cual deja de mostrarse como un ser diabólico y adquiere un dimensiones positivas. En la adaptación cinematográfica del cuento que realizó la factoría Disney en 1989 se nos muestra como un ser inocente, ilusionado por conocer el mundo de los humanos, que aparece retratado como un lugar cruel y hostil. Tanto en el relato como en la película sigue apareciendo la hermosa voz como un rasgo distintivo, pero esta no es empleada con fines negativos. Esa visión positiva de la sirena la volvemos a encontrar en la película 1, 2, 3… splash (1984) de Ron Howard o en la serie de televisión infantil australiana H2O, creada por Jonathan M. Shiff en 2006. Resulta interesante observar cómo en esta última, las sirenas obtienen sus poderes de la luz de la luna, elemento vinculado estrechamente a lo femenino por el carácter cíclico del satélite, que se relaciona con los ciclos menstruales de las mujeres. Esto no significa que la visión maléfica desaparezca por completo, llegando a convivir incluso dentro de una misma obra esa caracterización con otras representaciones más amables, como puede comprobarse en la cuarta entrega de Piratas del Caribe: en mareas misteriosas (2011) de Rob Marshall; o en las series de televisión Siren (2018), creada por Eric Wald y Dean White y La tierra de las mareas (2018), escrita por Stephen M. Irwin y Leigh McGrath.

  • Tipos de sirenas

Como explicaba Cirlot, las sirenas llevan presentes en la cultura desde la Antigüedad. A lo largo de la historia ha habido diferentes modalidades y, en muchas ocasiones, se llega a producir un sincretismo. De igual manera, en función de la región en la que nos situemos varía la terminología para designarlas. Así, encontramos a la náyade, que en la mitología griega era la divinidad femenina protectora de fuentes o ríos. En el País Vasco tenemos a las lamias (que aparecen representadas como bellas damas con pies de pato que peinan sus largos cabellos en las orillas de los ríos)  y en la mitología germánica, a Lorelei. El canto de esta sirena perdía a los marineros, llevándoles a chocar sus embarcaciones contra las rocas hasta hacerles naufragar. Además de Lorelai, en Alemania están las nixes o ninfas que seducen a los jóvenes hasta ahogarlos en las aguas estancadas donde habitan.

Otras versiones alternativas de las sirenas las encontramos en el folklore irlandés donde reciben el nombre de merrows, y en Escocia, el de selkies. En este último caso se trata de focas que, al llegar a la costa, cambian de piel para convertirse en mujeres. Cuando la selkie adquiere forma humana se encargará de ocultar su funda de foca ya que, si un humano encuentra ese envoltorio, podría someterla. La leyenda de las sekies ha motivado la aparición de varias películas muy interesantes como El secreto de la isla de las focas (1994) de John Sayles; Ondine (2011) de Neil Jordan, sobre la que realizaré el estudio comparativo; o el film de animación La canción del mar (2014) de Tom Moore.

Todo lo anteriormente mencionado sobre el cambio de piel nos remite directamente al mito grecolatino de Lamia, la serpiente que se transformaba en mujer para poder seducir al hombre. Sería este personaje el que inspiraría al escritor romántico inglés John Keats para componer su célebre poema de 1819. De igual manera encontramos características similares en el hada Melusina, personaje creado por Jean D’Arras en 1392. Esta fue maldecida por su madre, Presina, obligándola a convertirse en serpiente de cintura para abajo todos los sábados. En esta lista de relaciones, podría establecerse un nexo entre Melusina y las naga,  genios de la mitología hindú que se mostraban bajo apariencia humana o de ofidio. Basándose en dicha leyenda, la escritora J. K. Rowling diseñaría a Nagini, la mascota de Voldemort en la saga Harry Potter. Con rasgos semejantes en cuanto a ese componente casi divino que poseen las naga, tenemos los delfines rojos de la hermosa y delicada película china de animación Big Fish & Begonia (2016) de Liang Xuan y Zhang Chun. En esta historia, los niños de una dimensión superior solo pueden acceder al mundo de los humanos adoptando la forma de estos mamíferos marinos.

Una de las características que diferencian a las sirenas de cualquier otro ser fabuloso es su vinculación con el medio acuático, ya sea lago, mar, río e incluso bañera o piscina. Esa conexión es tal que algunas representaciones en películas recientes tienden a reflejar a las sirenas como seres cristalinos compuestos exclusivamente de agua. Tal es el caso del episodio Persephone: A story from Greece (2001) dirigido por Sergey Olifirenko para la serie Animated tales of the world, o las películas Simbad: la leyenda de los siete mares (2003) de Patrick Gilmore y Tim Johnson y Las crónicas de Narnia: la travesía del Viajero del Alba (2010) de Michael Apted.

Otra variante sin precedentes en la ficción es la de la narf, creada por el director M. Night Shyamalan para su largometraje La joven del agua (2006). En este caso, la narf es una criatura benévola que intenta ayudar al hombre, el cual se ha visto corrompido por la sociedad materialista. En este sentido, la sirena vendría a simbolizar la inocencia y la bondad perdidas. La película relata la amistad que se establece entre el encargado de mantenimiento de un edificio y una narf, que termina en la piscina. El prólogo con el que se inicia el film resulta bastante revelador al presentarnos a las sirenas como seres pacíficos que guiaban a los humanos en el pasado, antes de que estos se viesen corrompidos por su afán de poder: «Hubo un tiempo en el que el hombre y las criaturas del agua estaban unidos. Ellas nos inspiraban, nos hablaban del futuro. El hombre escuchaba y todo se hacía realidad pero el hombre no sabe escuchar muy bien. La necesidad del hombre de apropiarse de todo lo llevó a alejarse tierra adentro. El mundo mágico de los que viven en los mares y el mundo de los hombres se separaron. Con el paso de los siglos ese mundo mágico y todos sus habitantes se dieron por vencidos. El mundo del hombre se volvió más violento; se sucedieron las guerras al no haber guías a los que escuchar. Ahora, las criaturas del agua vuelven a intentarlo, intentan llegar a nosotros. A unas pocas de las más jóvenes las han enviado al mundo del hombre. Las han llevado a altas horas de la noche donde habita el hombre. Un fugaz cruce de miradas y el despertar del hombre se hará realidad. Pero sus enemigos deambulan por la tierra. Si bien hay leyes para protegen a las más jóvenes, las envían conscientes de que sus vidas corren un gran peligro. Muchas no regresan. A pesar de todo lo intentan. Intentan ayudar al hombre pero el hombre ha olvidado cómo escuchar». Traigo a colación todo este párrafo porque considero que esa filosofía en la que el ser humano ha olvidado su inocencia está en la base de Ondine. En esta película se ve cómo el ser humano necesita algún ideal al que poder aferrarse, aunque sea una simple quimera.

Como puede verse en este apartado, el mito de la sirena es universal y ha sido reinterpretado de diferentes maneras según el artista que lo haya tratado y según el momento en el que haya aparecido.

  1. Los ojos verdes: la mujer como perdición del hombre

Los ojos verdes es una leyenda del escritor romántico español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) publicada en 1861. La historia tiene lugar en las sierras del Moncayo (entre Zaragoza y Soria) durante la Edad Media. En la narración, la mujer aparece caracterizada como un ser seductor y maléfico que hace perder la razón de todo mortal que se atreva a mirarla ya que ella se considera a sí misma como un espíritu puro, remitiéndonos, en cierta manera, al mito griego de Acteón, cazador que fue devorado por su propia jauría de perros después de ser sorprendido espiando a la diosa Artemisa (Diana), cuando esta se daba un baño.  Dicho esto y si retomamos la leyenda del sevillano ¿cómo ejerce  aquí la seducción la ninfa? Principalmente a través de los ojos, unos ojos que, como el mismo Bécquer se encarga de describir al comienzo, son «luminosos, transparentes como las gotas de lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano.»[2] Son esos ojos de color verde los que terminan por enloquecer a Fernando,  el protagonista. Como decía al principio, en el mito de la sirena se produce un sincretismo con otras historias, en este caso con la de Medusa, y es que la mirada de la sirena resulta tan perniciosa como la de la fatal Gorgona. Aparte de la mirada, encontramos la voz, elemento indisociable de las sirenas. Se trata de una voz diabólica que intenta seducir a través de falsas promesas como sucede en el evangelio[3], cuando el diablo tienta a Cristo en el desierto. Sin embargo, a diferencia de este, que logra superar la tentación, en la leyenda de Bécquer, el protagonista sucumbirá a los encantos femeninos. De hecho, la mujer le pregunta a Fernando si la seguiría amando aunque supiese que es un demonio, a lo que este responde que sí, que la amaría más allá de la muerte, convirtiendo su amor en algo incondicional, aunque tóxico al mismo tiempo. La sirena aparece retratada, por tanto, en este relato como una femme fatale que acaba con la vida del héroe.

  1. Ondine: la mujer como redentora del hombre

Ondine es una cinta escrita y dirigida por el irlandés Neil Jordan.  Estrenada en 2011 y protagonizada por Colin Farrell, la ficción se inspira en fuentes tan diversas como las leyendas sobre selkies tan comunes en Escocia e Irlanda, en el célebre cuento de Hans Christian Andersen, pero también en La joven del agua. De hecho, el director de fotografía australiano, Christopher Doyle es el mismo que el de la película de Shyamalan.

A diferencia de la leyenda de Bécquer, aquí la mujer aparece representada positivamente como un ser que devuelve la esperanza y la inocencia perdidas al protagonista (Circus). La caracterización física recuerda bastante a la que podemos encontrar en las pinturas prerrafaelitas. Estamos ante una mujer de gran belleza con larga cabellera. Otro elemento que aparece vinculado a la figura femenina es el misterio, es decir, la mujer como misterio que hay que desvelar. Pese a que al final se descubra que Ondine no es un ser fantástico, a lo largo de la historia se juega con la posibilidad de que pueda serlo.

La película nos remite también al folklore celta. Como señala el propio Neil Jordan[4], la inspiración le vino tras leer un cuento del escritor irlandés William Butler Yeats (1865-1939)  titulado The Lady of Gollerus. En él se narra la historia de un pescador que saca del mar a una sirena. El hombre le oculta a la mujer su cohuleen driuth (sombrero que permite respirar a las sirenas debajo del agua) para evitar que esta regrese al mar. Tiempo después de haberse casado, un día que el marido no está en casa, la sirena descubre su  cohuleen driuth y vuelve al reino marino.

  1. Conclusión

A diferencia de la sirena griega que aparecía caracterizada como un monstruo, en Ondine encontramos un ser benévolo capaz de redimir al hombre. La sirena, por tanto, adquiere un valor positivo, que no encontramos en la leyenda de Bécquer. En esta narración hay amor, pero es un amor maldito, que podríamos denominar tóxico. Sin embargo, como he mencionado en el artículo,  algo que encontramos en las dos versiones es el poder seductor del canto y la vinculación al agua.

Se podría concluir utilizando los términos “mala seducción” y “buena seducción” empleados por Patricia Cifre y Manuel González de Ávila[5] para referirnos a Los ojos verdes y Ondine, respectivamente. Si en el relato de Bécquer se habla de «mala seducción» es porque el amor que siente Fernando por la ninfa es esclavizador. Por el contrario, en Ondine encontramos la «buena seducción» ya que el amor de Circus por Ondine es una fuerza  liberadora  que termina por hacerle mejor persona. Las sirenas, como seres que seducen, adquieren un valor universal, pero son los artistas y las épocas las que determinan la manera en que aparezcan caracterizadas.

Bibliografía

TEXTOS

Biblia de Navarra. Ediciones Universidad Navarra, 2007.

BÉCQUER, Gustavo Adolfo (2007): Rimas y leyendas. Zaragoza: Aneto Publicaciones.

BOSCH, María Ángeles (dir.) (1991): Gran Enciclopedia Larousse. Vol. 2. Barcelona: Planeta.

BRASEY, Édouard (2001): Sirenas y ondinas. El universo feérico III. Traducción de Esteve Serra. Palma de Mallorca, José J. de Olañeta.

CIFRE WIBROW, Patricia y GONZÁLEZ DE ÁVILA, Manuel (2014): “Prefacio. La buena y mala seducción”, Culturas de la seducción. Salamanca: Aquilafuente. Ediciones Universidad Salamanca.

CIRLOT, Juan-Eduardo (1992): Diccionario de símbolos. Barcelona: Editorial Labor.

D´HUMIERES, Catherine (2014): “La sirena como figura de la desdicha en la literatura contemporánea de lengua española”. Amaltea. Revista de mitocrítica. Vol.6. pp. 145-159. http://revistas.ucm.es/index.php/AMAL/article/view/46519 (22-12-2015)

GARCÍA GUAL, Carlos (2014): Sirenas: seducciones y metamorfosis. Turner.

HOMERO (2004): Odisea. Traslación en verso de Fernando Gutiérrez. Barcelona: Planeta DeAgostini.

JORDAN, Neil (2013): Interviews. Edited by Carole Zucker. University Press of Mississippi.https://books.google.es/books?id=VLhprOJ9FSIC&lpg=PR24&dq=neil%20jordan%20ondine&hl=es&pg=PR24#v=onepage&q=neil%20jordan%20ondine&f=false (22-12-2015)

PELÍCULAS

Lady in the water (La joven del agua. Dir. M. Night Shyamalan). [DVD]. Warner Home Video Española, 2006.

Ondine (Ondine: la leyenda del mar. Dir. Neil Jordan). [DVD]. A Contracorriente Films, 2013.

[1] CIRLOT, Juan-Eduardo (1992): Diccionario de símbolos. Barcelona: Editorial Labor. p. 415.

[2] BÉCQUER, Gustavo Adolfo (2007): Rimas y leyendas. Zaragoza: Aneto Publicaciones. p.54.

[3] «Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.  Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. Y acercándose el tentador le dijo: -“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”.  Él respondió: -“Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.” Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo:-“Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes a sus ángeles sobre ti, para que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.”  Y le respondió Jesús: -“Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.” De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: -“Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.” Entonces le respondió Jesús: -“Apártate, Satanás, pues escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y solamente a Él darás culto.”  Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían.» (Evangelio según san Mateo 4:1-11, Biblia de Navarra, p. 1349)

[4] JORDAN, Neil (2013): Interviews. Edited by Carole Zucker. University Press of Mississippi. p. 24.

[5] CIFRE WIBROW, Patricia y GONZÁLEZ DE ÁVILA, Manuel (2014): “Prefacio. La buena y mala seducción”, Culturas de la seducción. Salamanca: Aquilafuente. Ediciones Universidad Salamanca.

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