Relatividad del tiempo

Joan Brossa. Kembo, 1988.

Son las 5:00 y las 4:00 también… y las 9:00 y las 10:00, sin un aquí, sin un ahora. Todas las horas confluyen en un mismo momento cuando existen y el que dice que son las 5:00 tiene tanta razón como aquellos que dicen que son las 4:00, las 9:00 o las 10:00, que es de día, pero también de noche o que es invierno, pero al mismo tiempo verano. Se rompió la unidad de la verdad en múltiples grietas que contienen su parte de razón. Son las 5:00 y las 4:00 también… y las 9:00 y las 10:00. Es de día y es de noche. Es invierno y es verano. Son todas las horas y todas las estaciones del universo a la vez y nunca antes me había percatado hasta esta madrugada de insomnio, tan generosa en motivar esta insulsa reflexión. Es una verdad que se da a menudo por supuesta cuando oyes la radio y dicen : «Son las 5:00, las 4:00 en Canarias». 5 y 4 al mismo tiempo sin que nunca antes me lo hubiera cuestionado. Qué paradoja, ¿no? Madrugada sin sueño, madrugada de “obverdades”.

“Patria”: una serie a la altura del libro

Cartel promocional de la serie en la madrileña plaza de Callao.

Que Patria (2016) de Fernando Aramburu es una de las mejores novelas españolas de los últimos tiempos es un hecho indiscutible por diversos motivos: en primer lugar, una prosa brillante y dinámica a base de oraciones y capítulos breves que hacen que la narración fluya de manera natural; en segundo lugar, el profundo conocimiento del alma humana que su autor demuestra tener al presentarnos la vida de diversos personajes, víctimas todos ellos del fanatismo ideológico.
Tal y como sucede en las novelas de Galdós, Aramburu nos presenta un mosaico de historias interconectadas (las de los miembros de dos familias enfrentadas) para conocer esa Historia (muchas veces tan fría e impersonal) que suele aparecer retratada en los libros de texto. Y es que, en ocasiones, la intrahistoria constituye la mejor manera de acercarse a la Historia, en este caso a los episodios concernientes al conflicto vasco, tema que, aprovechando el tirón del libro y la serie, nos ha regalado durante el confinamiento La línea invisible, creada por Mariano Barroso y disponible en Movistar+, sobre los asesinatos del guardia civil José Antonio Pardines y el inspector Melitón Manzanas (Antonio de la Torre) en el verano de 1968, episodios que marcaron un punto de inflexión en el devenir de la banda terrorista ETA al suponer el inicio de la lucha armada.
Volviendo con Aramburu, parecía improbable que la adaptación televisiva lograse estar a la altura de una obra que ha supuesto un hito dentro de nuestras letras y, aun así, Aitor Gabilondo (su creador) lo ha conseguido al haber sabido convertir en imágenes y con un elenco inmejorable ese drama poblado de personas que sufren, aman, odian y también perdonan, aunque a veces pueda parecer imposible una reconciliación.

“Tenet”: cuando Bond y “Casablanca” conocieron los viajes en el tiempo

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«Segundas partes nunca fueron buenas» es una sentencia que no siempre se cumple. Y ahí está Christopher Nolan para demostrarlo como ya hizo en su Trilogía del Caballero Oscuro, donde reinventó en clave realista y trágico-existencialista al icónico personaje de DC, sentando las bases de su personal estilo (visual, sonoro y narrativo).
En Tenet, el británico se rodea de un atractivo elenco de estrellas para contar una historia “clásica” de espías salpicada de viajes en el tiempo.

En su trama de espionaje resulta inevitable no pensar en 007. Ahí está el agente protagonista (John David Washington, hijo de Denzel Washington) que debe poner sus habilidades al servicio de Priya (Dimple Kapadia), una especie de M, para enfrentarse a un malo malísimo (encarnado por un soberbio y aterrador Kenneth Branagh) y evitar así la Tercera Guerra Mundial. En su camino no estará solo y contará con la ayuda de otro agente llamado Neil (Robert Pattinson) y de Kat, una elegantísima Elisabeth Debicki como femme fatale, actriz a la que muchos de nosotros descubrimos en 2013 en la excelente, excesiva y deslumbrante El Gran Gatsby de Baz Luhrman. Hablaba de la creación de Ian Flemming como referencia incuestionable, pero tampoco sería descabellado mencionar Casablanca e incluso Gilda en cuanto al conflicto personal que vive el protagonista. Y es que, más allá de la guerra que se pretende evitar o de todas esas persecuciones que cortan el aliento, Tenet no deja de ser una historia de amor “imposible” regida por los códigos del cine negro, con todo lo que ello implica. Eso en cuanto a la acción de espías, aunque si hablamos de viajes y paradojas temporales, son innumerables los ejemplos que nos vienen a la cabeza: La jetée, Regreso al futuroTerminator, El efecto mariposa, 12 monos, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Looper, Al filo del mañana, Los cronocrímenes o Durante la tormenta.

¿Quiere esto decir que Tenet carezca de originalidad? En absoluto, pero tampoco es la novedosa historia que nos han querido vender. Y, sin embargo, ¿qué es lo que hace que nos parezca que sí lo es y que esta cinta se sitúe entre los mejores trabajos de Nolan y, por qué no decirlo, entre los grandes estrenos de este año? De hecho, no podría haber sido mejor el regreso a los salas tras el cierre al que obligó la dichosa pandemia —también añadiré y contradiciendo a algunos de mis compañeros que tampoco he echado demasiado de menos el ir al cine (lo que más, el olor a palomitas mezclado con ambientador) pues el confinamiento me ha permitido descubrir algunos clásicos que tenía pendientes en esa vorágine de estrenos incesantes, sobre todo, en lo que a las grandes plataformas de streaming se refiere. Nada nuevo hay bajo el sol y lo que hace de Nolan un director que, pese a enmarcarse en el blockbuster más comercial, no pierde su sello característico (al igual que les sucede a Fincher, Spielberg o Snyder) se debe al hecho de revestir todas sus historias con una “trascendencia” grandilocuente que queda reflejada tanto en los diálogos (a veces no llegamos ni siquiera a comprender del todo aquello de lo que hablan los personajes) como en la espléndida fotografía y en la banda sonora. Lo que podría verse como una cierta pedantería y afectación de estilo, se le perdona a un creador que no renuncia (salvo en la sobrevalorada y lenta Dunkerque) a su objetivo de entretener (para mí el fundamental de cualquier película que se precie (pese a ciera clase de esnobismo que se encarga de percibir y denunciar el entretenimiento como algo que reduce la calidad de un libro o una película). Al final, Tenet termina siendo una montaña rusa de emociones que te mantienen pegado a la butaca desde el primero hasta el último fotograma.

“Diferente”: un cómic diferente

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Diferente (2019) es una propuesta de cómic interesantísima donde han participado 140 artistas. Con un guion a cargo de I.L. Escudero, el libro nos presenta a Jana, una chica cuya realidad no deja de cambiar por un trastorno/don que padece. Al final, el hecho de que cada página esté realizada por un artista diferente (con su particular estilo) funciona como un recurso metaficcional que ayuda al desarrollo de la trama para conocer la psicología de la protagonista.

Aunque la historia se desinfle y pierda fuelle en su tramo final, se trata de una obra destacada y original que guarda puntos en común con Don Quijote o la serie Undone (2019) creada por Bob-Waksberg y Purdy en cuanto al enfoque de los trastornos mentales. Y es que, ¿qué pasaría si la realidad que ven los “enfermos” mentales fuese la auténtica?

“Lo que más me gusta son los monstruos”: un bildungsroman pulp

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Uno de los últimos fenómenos dentro del mundo del cómic ha sido Lo que más me gusta son los monstruos (2017) de Emil Ferris. Realizada íntegramente con boli Bic, esta novela gráfica (de la que queda por salir su segunda parte) se ambienta en Chicago durante la década de los 60. Karen Reyes, la protagonista de esta peculiar historia, es una niña empeñada en resolver el misterio que envuelve al asesinato de su vecina, la bella y enigmática Anka Silverberg, superviviente judía de la Alemania nazi.

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La investigación llevará a Karen a conocer la traumática infancia de su vecina al mismo tiempo que tendrá que lidiar con el bullying, su orientación sexual, la relación con su hermano o la enfermedad de su madre. El libro no escatima los detalles más escabrosos, pero todo ello aparece tamizado desde la visión infantil al igual que sucedía en la novela El niño con el pijama de rayas de John Boyne o en la película Jojo Rabbit de Taika Waititi.

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Con un estilo que homenajea las publicaciones pulp y las películas de terror de serie B, la obra nos enseña, como ya han hecho antes Stephen King (It) o Guillermo del Toro (La forma del agua), que los peores monstruos suelen ser los humanos y que a veces los monstruos (vampiros, licántropos, etc) son solamente seres incomprendidos que, al igual que Karen o Anka, buscan su lugar en el mundo.

“The fade out”: Hollywood y la fábrica de los sueños rotos

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The fade out (2014-2016) de Ed Brubaker y Sean Philips es posiblemente uno de los mejores cómics que he leído en mi vida junto con Tintín, Maus, Persépolis y Murena. Con claras reminiscencias de la novela negra de James Elroy (La dalia negra), la historia nos sumerge en el Hollywood de 1948, un Hollywood de sombras donde no es oro todo lo que reluce. Allí conoceremos a Charlie Parish, un guionista en horas bajas de una película cuya actriz principal, Valeria Sommers, ha sido asesinada. A partir de ahí, el protagonista tratará de descubrir la verdad sacando a la luz los trapos sucios de la fábrica de los sueños. Quien haya disfrutado de la serie Hollywood de Ryan Murphy, disfrutará también con este acercamiento a la sordidez de una industria empeñada en ocultar las miserias de sus estrellas, en el fondo juguetes rotos que sufrieron abusos y las terribles secuelas de la guerra o la caza de brujas del senador McCarthy. Ante esto, muchos se refugiaron en el alcohol o en el sexo; otros, en ambos.

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En una época demasiado cansada de sufrir desgracias, el público prefería ver la vida falseada y “arreglada” de sus laureadas e inmaculadas estrellas. En ciertas ocasiones es, como si el mundo prefiriese vivir engañado  dentro de una descomunal mentira, sobre todo cuando la verdad es demasiado insoportable o cuando esta no se adapta a lo que ellos habían imaginado que tenía que ser.

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